Bienvenidos a la aldea de Pepelandia, donde el sol radiaba con brillante esplendor y donde todo era maravilloso y no había cabida para los problemas y el pesimismo.
Los habitantes de la villa, amansados por las mentiras de sus gobernantes, abrevaban tranquilos en ríos secos o contaminados. Y aquellos que se afiliaban al partido dominante de tal encantadora aldea, serían recompensados con puestos en RTVV (Canal9) o algún negociete para su PaPa en la calle Colón.
Los eventos faraónicos, hacían estragos en las arcas del ayuntamiento y su Generalitat, pero todo era absolutamente maravilloso. En todas las teles del mundo se veían los barcos y coches de costes millonarios eso si, con el fondo de un Cabanyal abandonado y en ruinas, y los ciudadanos del resto de países del mundo, veían atónitos tal desmesura y desvergüenza, lo que causaba rechazo y no más visitas turísticas como se creía, pero esto no importaba a los gobernantes de Pepelandia.